domingo, 26 de marzo de 2017

Subjetividad de los climas




Aún no ha llegado el frío
a la ventana de casa, pero
algo como nieve incierta
se despega del aire
se acumula en el techo
sobre mi cama
hasta que se condensa y cae
como un invierno anticipado.
Miro hacia afuera y sé que otros
siguen dorándose al sol.
Quisiera acercarme
a desmentir el mal clima
imitar sus ganas de surfear
la calidez del aire
que hace ondular su entusiasmo
ante la continuidad del verano,
pero cierro la ventana
y miro a los vidrios
profundamente
                              ver
                              ti
                              cales
empañarse
hasta volverse ciegos.


Contenido no disponible



Ya nadie muere
de cuestiones fundamentales
sino de furias
mal cogidas
y de sobres con mensajes
guardados en el cajón
equivocado.
Durante el día
las furias y los sobres
duermen
sin soñar con nada útil,
y cuando se hartan
salen a tomar aire,
a fumar un faso, a rearmar
el desaliento de mañana.
A las once menos cuarto
de cada noche,
se encuentran con un fósforo
y celebran juntos
una hoguera
que no sabe cómo apagarse.


martes, 7 de marzo de 2017

Observaciones aleatorias acerca de una reunión de gotas



Una gota aplastada sobre el puente.
Una nube que infla lo pálido entre celestes.
Un cielo que destiñe en sábanas de lluvia.
La gota bañada por todas partes
con gotas, viento y otras gotas.
Una rama que corta el charco con su peso.
Una hoja que flota a la deriva
arrastrando otras hojas a su paso.
La gota sin bordes, creciendo por los suelos.
Un suelo que ya no es suelo sino río.
Una gota que vuelve al mismo puente. 
Un puente frágil devorado por el agua. 



miércoles, 1 de marzo de 2017

Veintedelcinco de dosmilcatorce




Hojear la red social, viéndola pasar hacia abajo con el mouse, mientras un poema de bukowski se mezcla con el candy crush mezclado con la venta de un burro de arranque en oferta, y atrás vos en soledad y yo en desapariciones, y otra vez el que hace una cadena por los animales o una campaña antipolítica contra todo lo que  está mal para unos y está bien para otros, y música para pastillas y más abajo un tema de cerati porque está internado, y claudio maria dominguez diciéndole al mundo que respire, y vos y yo, en silencio, y todo tu circo aplaudiendo, y las frases motivadoras de molde, y palabras forzadas de gente que me escribe sin ver que mi no conectado es claro reflejo del keep away de siempre y siempre estarme yendo a ningún lugar, y los dos sabiendo pero no entendiendo por qué debajo de la superficie la sangre aún hierve pero tan lejos en tu caso que no se acuerda el camino para reoxigenarse, y me gusta me gusta me gusta, te ponen las bellas y los altos, y yo mientras tanto escribo sin que me guste, sin que me ayude a cambiar esta sensación de final ante tu deferencia ante los nuevos perfumes previsibles desconociendo los antiguos, y qué estás pensando  dice el cuadrito de mi Facebook y también el tuyo, mientras ninguno de los dos rellena el tiempo ni el aire mutuo ni el cuadrito propio, aunque lo de pensar lo hagamos tan bien, tan por demás, pero el cuadrito debería medir páginas y páginas y no, es un cuadrito término medio y en eso ninguno aprendió a caber todavía en él como tampoco en el espacio juntos y eso nunca fue un cuadrito sino un cielo, pero inexplorado y por eso el silencio.


domingo, 11 de diciembre de 2016

La unión de las especies (relato)




Tuvo que matarla. No era grande ni negra, sino una especie de semilla marrón con patas y habilidad para desplazarse. No le gustó que lo hiciera sobre su mesada. Eso figuraría en su biografía si tuviera una, pero imaginó que ninguna cucaracha vivía tanto como para dejar plasmada la historia de sus consanguíneos. Sangre no, eso que tenían las cucarachas adentro. En su honor el amarillo era el color del asco, seguramente.
La tiró en el inodoro y aprovechó para mearle encima. Eso de cuidar el agua estaba haciendo efecto en su moral y malas costumbres. No disfrutó del momento, sin embargo, porque no había tenido la suficiente paciencia para observar si el bicho estaba realmente muerto. Se imaginó una cámara, una cucaracha trepando, una película de terror. La cosa subiendo y entrando por algún agujero corporal, jugando al tatetí antes de elegir el culo por proximidad con el borde.  Una vez adentro recorrería sus intestinos y se enteraría de lo que había comido en el día. Compartían gustos parecidos, podrían cenar juntas alguna vez. Se serviría de la comida procesada antes de seguir avanzando. Encontraría la forma de darle vueltas al laberinto y llegar a su cerebro. La mierda de abajo no tendría comparación con la de arriba; harían falta un par de moscas coronando los pensamientos para darle marco a ese festín. Encontraría recuerdos perdidos, sublimados, enterrados en el mismo lugar donde caían por falta de psicoanalista. La falta de espacio y el paso de los años los habían convertido en una bola de chicle pegoteada, maloliente, imprecisa.
Sin embargo, tanta porquería acumulada no ayudaba a la persona a llegar a la esquina y volver. A la supervivencia no le servía una foto de mamá en Mar del Plata, ni la fecha donde había muerto su tortuga. El sentido práctico estaba adornado con florcitas y toda clase de pavadas a las que el humano se aferraba, como si al final de la vida lo único que lo ayudara a seguir adelante fueran las postales de otro tiempo, de la alegría gozada y perdida quién sabe cuándo.
¿Cuáles eran las necesidades básicas de la gente, entonces, si lo único que importaba al final de la vida eran las OTRAS cosas? ¿Cómo subsistirían las siguientes generaciones a partir de esas experiencias? ¿Hacia dónde iba su evolución si el eje no estaba puesto en la reproducción y en conseguir comida, sino en la felicidad? Si fueran del mismo tamaño que cualquier bicho, los humanos no sobrevivirían a una lluvia o una chancleta. Ser persona estaba sobrevalorado, solo venían a gastar el tiempo en subjetividades. Debía salir de ahí cuanto antes, el afuera era más interesante.
Ella se rascó la oreja, porque sintió pasos adentro. Después tiró la cadena, pensando que había vencido. Algo marrón se deslizó por la rejilla, un lugar tranquilo  y directo, donde las suciedades no ocultaban lo que eran. Coherencia, que le dicen.
Las cucarachas sobrevivimos a todas las guerras porque aspiramos a ser muchas, sin atajos conceptuales. Y para sobrevivir, observamos. Nos da risa eso de lo imaginario; cómo la gente manda a la mierda la verdad y lo aparente cuando hay que llenar las tripas. La vida es una sola y se sostiene de cosas concretas que se pueden poner arriba de una mesada.
“Al final no somos tan distintos.” – se dijo en la oscuridad-  “Pero estamos de acuerdo en disimularlo.”


lunes, 21 de noviembre de 2016

Estudio sobre la materia



Siempre hablando de cosas
que no existen, siempre
adentro de tu cabeza- decís
¿y la vida? Es un resto
de carne y agua,
donde lo que tiene borde
es sólido
y lo que se mezcla
es parte de los líquidos.
Las palabras no le deben
a esos mundos, las letras
no ladran
                   ni muerden
                                         aunque traten.
Nadie se calienta
con la sinestesia pura
y el árbol
y el pájaro
y toda
            la boludez
que rima con el tiempo.

Yo sé, te juro
que hay otra cosa.
Te juro que soy materia
debajo de todas las capas.
Yo
              y te juro
que cuando no pienso
soy una persona agradable.




La mancha roja (monólogo interior)


Estaba saliendo cuando la vi, no tuve tiempo de limpiarla porque el Súper cerraba en media hora. Una mancha rojo oscuro, rompiendo el blanco del piso de la cocina. No recordaba haberme lastimado, tampoco estaba menstruando.  Pensé en cómo se vería aquello si me moría ahora en la calle y después encontraban sangre en mi cocina. La evidencia en dos lugares desorientaría al principio, pero después se darían cuenta de que mi desidia (ellos no sabrían de mi apuro por llegar al Súper antes de que cierre) había hecho que dejara sangre en el piso sin importarme. La investigación se habría demorado por mi culpa. No importaba que me hubieran asesinado, yo habría retardado la resolución; habría aportado confusión y caos, sin querer. Debía llegar y limpiarla, tendría que haberla limpiado antes de salir, aunque no llegara al súper, aunque no vinieran forenses a corroborar nada. Pero ¿por qué, en realidad? Ese apuro por tapar lo natural con perfumes de bosque falso de bambú, todo oculto, todo disimulado. Propagandas de toallitas donde derraman líquido azul, graffitis en las paredes blanqueadas a la cal. Así también siguen matando mujeres, al negarlas desde la biología y la palabra. En cal pusieron a varias, para evitar que las reconozcan.  Hay que tapar, tapar, el blanco es un color que tranquiliza a los portadores de normalidad y a los blanqueadores de capitales. La sociedad no debe menstruar en público, ni hablar en voz alta, ni hacer ostentación de hambre cuando llegan los turistas. El hambre es un vacío oscuro que atenta contra nuestros principios de lo inmaculado, mientras el entorno te inmaculea. Yo tengo hambre, y no encuentro las galletitas que vine a buscar ¿Por qué me mira el guardia de la puerta, como si no fuera a pagar? ¿Creerá que su trabajo es hacerte sentir como la mierda, por las dudas? ¿De qué la va un tipo que disfruta de ir metiendo miedo; cómo llega a su casa y vive y habla con sus hijos de cómo deben ser las cosas? ¿Cómo concebirá la ternura alguien como él? ¿Por qué me sigue mirando? ¿O es que tengo alguna herida que yo no supe encontrar en mi apuro? La mano no es, tampoco la pierna. Tampoco fui dejando ninguna mancha roja al pasar. El aceite está de oferta, ¿debería llevar dos? Hace tiempo que dejé de comprar de acuerdo a mis necesidades y me guío por las variables de la oferta. Hoy debería querer comer verduras de estación, pan de ayer, dos por uno de pollo. Mis deseos son los de la oferta y demanda, ¿qué más pueden pedir de mí, si hasta les entregué mis gustos alimenticios? La libertad es una idea vaga, una marca de salchichas que creés elegir entre dos. ¿Ves que voy a pagar, hijo de puta? A ver si dejás de mirar ¿O será la mancha? Ahí, en ese vidrio, si me doy vuelta, capaz veo lo que ve, pero no, no hay nada. Mi short sigue blanco muyblanco, sigo siendo una buena chica bien adaptada, que sabe el color predilecto de la ciudad. En China el blanco representa luto y mala suerte, el rojo sangre es el color de las cosas buenas. Tal vez mi mancha no era de sangre, sino una suciedad cualquiera, anónima, que le creció al piso a partir de algo que traje en mis zapatos. O témpera, porque justo ayer abrí un pote ¿Todas las pinturas tienen el don de caer en forma de círculos perfectos? Los círculos son rutas seguras, nadie puede perderse en algo que va y vuelve, que se repite, que se hace rutina. Y cualquier lugar se vuelve rutina si le das el tiempo suficiente ¿Cómo se sale del círculo, cómo girar tan rápido que la fuerza centrífuga te empuje hacia la salida? Huir hacia la libertad, esa segunda marca de salchichas. Tal vez la libertad sea un segundo círculo en el que entramos hasta que nos damos cuenta que también es una trampa. Mi llave gira en círculos ahora, ella sabe adaptarse a sus rutinas.  Para ella la felicidad es poder franquear cualquier puerta: ir más allá de lo que se opone, en apariencias. Por fin en casa de nuevo.  Ahí está la mancha, tan redonda como cuando la dejé, imperturbable, aferrándose al piso como si quisiera desafiarme a propósito ¿Dónde está el trapo de piso? Al agacharme para limpiar, detecto que por el zócalo de abajo de la heladera se desliza otra gota parecida. Al abrirla, el jugo de frutilla se declara culpable, dejando en evidencia que su envase tiene una pequeña fisura. Cierro la heladera y la dejo tranquila, por un rato. Los objetos deberían poder sangrar en paz, de vez en cuando.